Agreden al árbitro que pidió matrimonio a su novio en la Bundesliga

Pascal Kaiser tras ser agredido
Pascal Kaiser tras ser agredido

Lo que debía ser uno de los momentos más bonitos y potentes del fútbol europeo ha terminado en una agresión homófoba brutal. Porque sí, en 2026, pedir matrimonio a tu novio todavía puede salirte caro.

El protagonista es Pascal Kaiser, árbitro amateur alemán que hace solo una semana se convertía en viral al pedirle matrimonio a su pareja, Moritz, delante de casi 50.000 personas durante el partido del 1. FC Köln contra el Wolfsburg, en pleno Diversity Matchday de la Bundesliga.

Aplausos, emoción, lágrimas, titulares internacionales.
Y después… el odio.

En los días posteriores, Pascal empezó a recibir amenazas cada vez más explícitas. Algunas incluían algo especialmente peligroso: la difusión de su dirección privada. Avisó a la policía. Le dijeron que no había “peligro inmediato”.

Spoiler: sí lo había.

Apenas 20 minutos después, al salir a fumar al jardín de su casa, tres hombres le estaban esperando. Lo golpearon repetidamente en la cara y huyeron. Resultado: traumatismo en el ojo derecho, traslado urgente al hospital y una pareja completamente destrozada emocionalmente.

Los medios hablan claro: agresión homófoba.
Y Pascal también.

El medio LGBT+ SimilQueer ha recogido su testimonio, que pone los pelos de punta:

“Ver mi dirección publicada, recibir amenazas y después ser atacado físicamente ha sido devastador. No me siento seguro. Mi salud mental y mi vida cotidiana están destrozadas.”

Tras el ataque, la policía tuvo que poner a salvo también a su pareja, Moritz. Porque cuando el odio se desata, no distingue. Y aun así, Pascal lo tiene claro:

“No me arrepiento de la propuesta. Fue amor real. Lo que nunca imaginé fue el nivel de odio que iba a generar.”

Desde Mr Gay España lo decimos alto y claro: esto no va de fútbol, esto no va de visibilidad “excesiva”, esto va de que el odio sigue matando a golpes.

Porque si pedir matrimonio en un estadio acaba en una paliza en tu propia casa, el problema no es el amor. El problema es todo lo demás.

Y sí; vamos a seguir besándonos, prometiéndonos y queriéndonos en público.
Aunque a algunos les reviente.

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