No era un estreno cualquiera y tampoco lo intentó disimular. Al cielo con ella aterrizó anoche en RTVE con una jugada clara: sentar a Shakira en su única entrevista en España antes de la gira… y dejar que pasaran cosas y pasaron. La artista habló sin rodeos de su ruptura, pero sin recrearse. Directa, sin victimismo excesivo, dejando una frase que ya se ha quedado flotando: se sintió “rota en mil pedazos”. No hubo dramatismo de plató, hubo algo más incómodo… sinceridad sin adornos. Y eso, en televisión, se nota.
También dejó otro titular que ha dado conversación: la educación de sus hijos. Sin móviles, con control tecnológico y lejos del escaparate constante de las redes. En plena generación TikTok, casi un acto de rebeldía. El programa no fue a cuchillo, pero tampoco se quedó corto. Henar Álvarez manejó bien ese equilibrio entre dejar hablar y meter el dedo cuando tocaba. Sin hacerse la protagonista, pero sin desaparecer. Que no es fácil en un estreno así.
Y luego estaba Rossy de Palma. Rossy no entra en dinámica, la rompe. Cada vez que intervenía, el tono cambiaba. Más libre, más imprevisible, con ese punto suyo que no sabes si va en serio o te está desmontando el programa desde dentro. Y ahí es donde el formato ganó aire.
El resultado no fue una entrevista redonda ni perfecta. Pero tampoco lo pretendía. Fue algo más sucio, más vivo, más comentable. De lo que genera clips, titulares y conversaciones al día siguiente. Y eso, para un estreno, vale más que cualquier dato de audiencia.


