Lo que durante años fue silencio, ahora tiene nombre. Blas Cantó se ha abierto en canal en Ex. La vida después, el programa presentado por Ana Milán, y ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda dentro de Auryn: la sexualidad nunca fue tan libre como parecía.
Cuatro de los cinco integrantes del grupo eran homosexuales, pero hacia fuera… nada. No se hablaba, no se mostraba y, en ocasiones, incluso se ocultaba. Y lo más duro no venía de la discográfica, sino de dentro. Comentarios como “baja la pluma” marcaban el tono, dejando claro que había una forma “correcta” de comportarse si querías encajar.
Cantó no lo esquiva: “Era el ataque fácil”. No porque hubiera una homofobia explícita dentro del grupo, sino porque responder sobre la sexualidad se convertía en un terreno incómodo, fácil de evitar y más fácil aún de esquivar con bromas o silencios. Aun así, el cantante también matiza. Había protección entre ellos. “Siempre nos hemos protegido”, explica, señalando que la edad, el contexto y la falta de herramientas marcaron muchas de esas actitudes. Una mezcla de miedo, inseguridad y aprendizaje que hoy se mira con otra perspectiva.
El artista reconoce incluso momentos de contradicción personal, como cuando hablaba públicamente de su “mujer ideal”. Algo que hoy entiende como parte de esa presión del momento y por lo que ya ha pedido disculpas. “Lo contextualizo en esa época”, admite. Pero hay una frase que pesa más que todas: Cantó asegura que no se siente cómodo mostrando cariño en público con su pareja. ¿El motivo? Una educación basada en el miedo. “Te puedes encontrar muerto en cualquier sitio”, llega a decir, reflejando una realidad que sigue presente para muchas personas LGTBI.
Su testimonio no es solo una confesión. Es el retrato de una industria —y de una sociedad— que durante años ha empujado a muchos artistas a esconder quiénes eran para poder triunfar. Porque detrás del fenómeno Auryn, de los hits y los fans, también había silencios. Y ahora, por fin, alguien ha decidido romperlos.


