La maquinaria de Festival de Eurovisión 2026 empieza a mostrar síntomas de desgaste. Y esta vez no hablamos de desafinaciones, puestas en escena imposibles o dramas entre delegaciones. Hablamos de audiencias. De millones de personas que este año directamente decidieron apagar la televisión. O ni siquiera encenderla.
La gran final celebrada en Viena ha sufrido un auténtico desplome de espectadores en numerosos países europeos, dejando una cifra demoledora: casi 13 millones de espectadores menos respecto a la final de 2025. Una caída histórica que muchos ya vinculan directamente con la enorme crisis reputacional que atraviesa el festival por la participación de Israel y las tensiones políticas que han rodeado esta edición.
Mientras la Unión Europea de Radiodifusión intenta mantener la narrativa de “la música une”, la realidad es que parte del público parece haber decidido desconectarse del certamen.
Países Bajos firma uno de los peores batacazos de la historia reciente
El caso neerlandés es probablemente el más llamativo. A pesar de que el país emitió finalmente la gala, la audiencia se desplomó hasta un 4,8% de cuota y apenas 798.000 espectadores. En comparación con 2025, eso supone perder más de 2,7 millones de personas frente al televisor.
Y no es un detalle menor. Países Bajos siempre ha sido uno de los territorios más eurovisivos del continente.
Reino Unido marca su peor dato desde 2010
La situación tampoco fue mucho mejor en Reino Unido. La BBC reunió a 5,2 millones de espectadores, perdiendo casi un millón y medio respecto al año pasado. Traducido: la final menos vista en el país desde 2010. Un golpe especialmente duro para uno de los mercados audiovisuales más importantes del festival.
Portugal, Francia y Suecia también se desploman
En Portugal la caída rozó el 50%. La RTP perdió más de 400.000 espectadores respecto a 2025 y dejó claro que algo está cambiando en la relación del público con Eurovisión.
Francia tampoco escapó del golpe: casi 1,3 millones de espectadores menos y su peor final desde 2023. Y si hasta Suecia —considerada la gran referencia eurovisiva actual— pierde más de un 24% de audiencia, quizá la UER debería empezar a hacerse preguntas incómodas.
La ausencia de España también pesa
La retirada de España del festival dejó un agujero enorme en las cifras globales. Solo RTVE había reunido en 2025 más de 5,8 millones de espectadores en la final. Sumando también las ausencias de Irlanda y Eslovenia, el festival perdió de golpe una parte importante de su músculo televisivo europeo. Ni siquiera YouTube salvó la situación. La retransmisión online también cayó casi un 15% respecto al año anterior.
Austria, Grecia e Italia son las excepciones
No todo fueron malas noticias. Austria vivió el clásico “efecto anfitrión” y firmó su mejor audiencia desde 2015 gracias a la celebración del festival en Viena. También crecieron Grecia e Italia, esta última impulsada por el fenómeno mediático de Sal Da Vinci. Pero el problema para la UER es que las subidas puntuales no compensan el enorme agujero que dejan los países que tradicionalmente sostenían el fenómeno eurovisivo.
¿Está Eurovisión entrando en una crisis real?
La pregunta ya no parece exagerada. Durante años, Festival de Eurovisión había conseguido sobrevivir a polémicas, críticas políticas y acusaciones de televoto manipulado. Pero esta edición ha sido diferente.
Las protestas por la presencia de Israel, la retirada de varios países, el desgaste interno y el creciente hartazgo de parte del fandom parecen haber generado una desconexión real entre el festival y el público general.
Y aunque la UER insiste en mirar hacia adelante, los números empiezan a hablar demasiado alto como para ignorarlos.


