El actor mexicano Diego Calva está viviendo uno de los momentos más potentes de su carrera en el Festival de Cannes. Y no solo por presentar dos películas en uno de los templos del cine de autor mundial, sino también por protagonizar uno de los momentos más comentados del certamen: el beso viral junto al actor y director Jordan Firstman durante la promoción de Club Kid.
Las imágenes no tardaron en incendiar redes sociales. Cannes tenía nuevo momentazo pop y, cómo no, internet hizo el resto. Entre flashes, alfombras rojas y cámaras apuntando en todas direcciones, Diego Calva reaccionó ahora por primera vez al revuelo generado alrededor de ese beso que ya circula por medio planeta.
Pero más allá del viral, lo cierto es que Calva ha aterrizado en Francia con dos proyectos muy distintos y con un peso importante dentro del cine independiente internacional. Por un lado, Club Kid, dirigida por Jordan Firstman y adquirida por A24, una cinta que promete convertirse en una de las películas más comentadas del circuito alternativo. Por otro, Her Private Hell, del siempre provocador Nicolas Winding Refn, responsable de títulos de culto como Drive.
Lejos de adoptar el típico discurso de estrella obsesionada con los premios, Diego Calva dejó claro en Cannes que lo suyo siempre fue el amor enfermizo por el cine. Antes que actor, se define como cinéfilo. De los que rebuscaban DVDs pirata afuera de la Cineteca Nacional, de los que descargaban películas en torrents y de los que se ofrecían como voluntarios en festivales solo para poder entrar gratis a las salas.
“Lo que yo amo en la vida es hacer películas”, confesó el actor mexicano durante su paso por Cannes, donde además aseguró sentirse orgulloso de representar a México en un espacio históricamente reservado para el cine de autor más prestigioso del mundo.
Y sí, quizá ese beso viral con Jordan Firstman haya servido para que mucha gente descubra ahora a Diego Calva. Pero la realidad es otra: Hollywood ya le tenía echado el ojo desde hace tiempo. Cannes solo acaba de confirmarlo.
Mientras medio internet debate si fue improvisado, marketing o simple complicidad entre colegas, Diego sigue a lo suyo: hacer cine, colarse en proyectos cada vez más ambiciosos y demostrar que un mexicano también puede convertirse en uno de los rostros más magnéticos del circuito internacional.


